Artículo publicado en la Revista Empresarial
Semanal Emprendedores:
ECONOMIA EXACTA
Por:
Antonio Paleo Pedre
Director General
Eurouniversity Group
Desde aquel día que me dijeron que algo podía llegar antes de salir, que una línea recta era aquella que viajando a través del infinito volvía al punto de partida, desde que aquel profesor universitario, sentado en su pupitre, leía de unos apuntes, supongo que de los suyos, que la economía ,no sé de que sitio, dependía del oro que traía no sé de que otro; se levantaba, hacía un 40 que ocupaba toda la pizarra, se volvía a sentar, volvía a repetir, “no olviden que.....”, se levantaba de nuevo, le hacía un tremendo círculo al 40 y se volvía a sentar para seguir su cátedra. Desde esos días tuve que comprar gafas de cerca, gafas de lejos y me esfuerzo en saber si estoy ciego o veo demasiado.
No ha de preocuparme porque hay muchos que ven por mí, cualquiera me resuelve el problema de toda mi existencia en un minuto. Luego, el gran traje, aquél donde te visten con la teoría de Murphy, de que si algo puede salir mal, va a salir; con la definición del eminente profesor de Harvard, Robert Buzzel, de que el sello distintivo de un verdadero M.B.A. es que muchas veces se equivoca, pero raras veces titubea. La calidad total japonesa basada en la ausencia de defectos, la americana en lo inmejorable, la satisfacción de necesidades, y aquel libro recomendado, de cuyo nombre no me quiero acordar, en donde se manifiesta que un directivo no sólo ha de ver un gorrión a 80 metros, sino que ha de verlo además pestañear, más que el Papa, casi nada.
Se sale de la Universidad con conocimientos únicamente teóricos, pero conscientes de ello. De las escuelas de negocios salimos sabiendo, sí, mucho, mentalizados, motivados y un millón de Etc. pero existe una dificultad tal vez más peligrosa que la de la Universidad, creerse que los demás son tontos.
Después de un tiempo conforme, pero no satisfecho con mis cristales, otra vez a pensar en el oculista, oftalmólogo si mal no recuerdo, cuando el Executive que acude a solicitar matricularse con el objetivo de ratificar que lo que sabe está bien, asegura conocer una empresa de diseño, producción y distribución de moda (Zara) con un crecimiento de difícil comparación, y, dice se debe a que no gasta nada en marketing porque no se anuncia en televisión.
O aquel Master que en su período de prácticas asegura, y pone la mano en el fuego, que los bancos sólo descuentan efectos aceptados y duda cómo asentar en el diario un cambio de almacén de mercaderías; asegura además que es Licenciado en Historia, y lo anterior no tiene por que saberlo, él está preparado para dirigir, eso han de dárselo hecho. Empiezo a entender a aquel padre que le da una opinión a su hijo adolescente, contestándole éste, que eso ya no se lleva.
Si como a veces nos quieren dar a entender, la economía fuera una ciencia exacta, no fracasarían más del 90% de los proyectos empresariales. Veamos al Universitario como un gran potencial para empezar a aprender, y eso es una realidad, si tiene actitud, la aptitud llega deprisa; y al Master, con la auténtica preparación que suele tener, no le ilusionemos tanto, impliquémosle más, llevémosle a la estructura económica real. Surgirán muchos más empresarios y los demandantes de empleo no los verán como a un Ferrari sin carreteras para manejarlo.
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